Eran las 6 de la tarde. Entré a un kiosko y tuve que esperar a que atiendan a una chica de muy buena presencia de unos treinta años que estaba adelante mío, asi que no pude evitar escuchar la siguiente conversación:
Chica: Le puedo hacer una pregunta?
Señora del kiosko: Si, decime.
C: Dónde es Viamonte 1637?
S: Y, mirá, en esta cuadra estamos en Viamonte al 1700, así que caminá una cuadra a la derecha y vas a estar al 1600.
C: Pero cómo? Si camino una cuadra, ahí esta el 1637?
S: (comenzando a perder levemente la paciencia) Mirá, te explico, de un lado de la calle están los números pares y del otro los impares.
C: (with a puzzled look) Pero entonces...dónde es el 1637?
S: (en shock) Mirá, vos vas a un número impar, entonces tenés que ir del lado de la calle donde están los números impares y fijarte cuál de todos esos números coincide con el número al que vas. Más que eso no te puedo decir.
C: (cara de "voy a tener que procesar esta información largo rato antes de que me caiga la ficha"): Bueno, gracias.
La chica desorientada se va del kiosko y la señora me mira y me dice:
- Esto es muy fuerte para la hora del día que es. Vos me entendés?
- Si, esto es muy muy fuerte. Casi que no merece análisis, pero después de laburar acá todo el día me imagino que debe ser muuuy fuerte.
(Risas cómplices)
viernes, 27 de abril de 2007
domingo, 1 de abril de 2007
Cosas insignificantes que lo hacen limar a uno
(with an unmistakable ring of sincerity & even charm)
Sábado a la noche. Dos horas de espera para ver Music and Lyrics.
"Me muero de hambre, ¿vos?"
Terminamos bajoneando en el Burger King de Puerto Madero.
Hago un escaneo rápido del lugar.
En un rincón, hay una pareja de gente muy fea (pero se los ve felices) y no puedo evitar el cliché de pensar: "Siempre hay un roto para un descosido".
Sigo mi recorrido visual y veo una mujer de unos 30 años, obesa, sentada solita en una especie de barra lateral comiendo ávidamente un combo gigante.
"Pobrecita", pienso desde mis prejuicios.
Me siento en una mesita esperando que venga R con la comida y veo que en diagonal hay una mesa con 4 muchachos entrando en los 30, gordos, y vestidos siniestramente. Se me viene una frase a la cabeza: "son ñoños!".
"Qué depresión. Qué losers", pienso.
Y acto seguido me censuro, diciéndome serveramente: "Hoy estás muy malvada, muy prejuiciosa. Volvé a la normalidad". Y decido firmemente seguir con lo mío.
Llega la comida y se desata una interesante charla en la que me conecto, hasta que desde algún lugar empiezan a aterrizar en mis oídos frases aisladas de una conversación: "Esa era Flavia Palmiero", "No, yo te decía Festilindo", "Claro, en esa actuaba Libertad Lamarque", "A mi la que me gustaba ver era Xuxa", "¿Viste que empezó Susana? y "Despúes la reemplazaron por Agustina Cherry". Son los chicos de la mesa de los gordos.
Empiezo a hacer cuentas. Sábado. 23 hs. Lo que dicen. Vestidos como sólo un ñoño lo puede hacer: chomba, bermuda legacy, cinturón marrón, zapatos clásicos marrones, y zoquetitos. Uno de ellos con este mismo look más un cap de baseball dado vuelta, y los brazos y piernas cubiertos de tatuajes. Es, efectivamente, un ñoño tatuado.
"Hoy no estoy tan mala al final, me parece", pienso aliviada.
Al rato de caminar admirando la belleza de Puerto Madero, entramos a una heladería/cafetería que había justo al lado de los cines (había mucho viento). Una vez adentro, veo a los muchachos de Burger King sentanditos en una mesa comiendo, esta vez, cucuruchos y tomando café.
Le digo a R: "Mirá, están los ñoños". R se ríe y me dice: "Imposible una definición más precisa".
Seguimos nuestra conversación pero yo no puedo evitar mirar hacia la mesa en cuestión. Es más fuerte que yo. Me dan intriga. Quiero saber de qué otro tema están hablando.
Escucho que se ríen a carcajadas que suenan torpes y raras. Miro de costado y veo que los gordos están jugando a un juego donde uno le pega en la cabeza al otro (momento en el que todos se ríen) y luego el muchacho que ha recibido el golpe, golpea a otro (y todos se ríen, claro).
Nos levantamos de la mesa y salimos del bar. Miro a los ñoños, sonrío con cariño casi maternal y pienso: "El que no haya tenido una noche de ñoños que tire la primera piedra".
Sábado a la noche. Dos horas de espera para ver Music and Lyrics.
"Me muero de hambre, ¿vos?"
Terminamos bajoneando en el Burger King de Puerto Madero.
Hago un escaneo rápido del lugar.
En un rincón, hay una pareja de gente muy fea (pero se los ve felices) y no puedo evitar el cliché de pensar: "Siempre hay un roto para un descosido".
Sigo mi recorrido visual y veo una mujer de unos 30 años, obesa, sentada solita en una especie de barra lateral comiendo ávidamente un combo gigante.
"Pobrecita", pienso desde mis prejuicios.
Me siento en una mesita esperando que venga R con la comida y veo que en diagonal hay una mesa con 4 muchachos entrando en los 30, gordos, y vestidos siniestramente. Se me viene una frase a la cabeza: "son ñoños!".
"Qué depresión. Qué losers", pienso.
Y acto seguido me censuro, diciéndome serveramente: "Hoy estás muy malvada, muy prejuiciosa. Volvé a la normalidad". Y decido firmemente seguir con lo mío.
Llega la comida y se desata una interesante charla en la que me conecto, hasta que desde algún lugar empiezan a aterrizar en mis oídos frases aisladas de una conversación: "Esa era Flavia Palmiero", "No, yo te decía Festilindo", "Claro, en esa actuaba Libertad Lamarque", "A mi la que me gustaba ver era Xuxa", "¿Viste que empezó Susana? y "Despúes la reemplazaron por Agustina Cherry". Son los chicos de la mesa de los gordos.
Empiezo a hacer cuentas. Sábado. 23 hs. Lo que dicen. Vestidos como sólo un ñoño lo puede hacer: chomba, bermuda legacy, cinturón marrón, zapatos clásicos marrones, y zoquetitos. Uno de ellos con este mismo look más un cap de baseball dado vuelta, y los brazos y piernas cubiertos de tatuajes. Es, efectivamente, un ñoño tatuado.
"Hoy no estoy tan mala al final, me parece", pienso aliviada.
Al rato de caminar admirando la belleza de Puerto Madero, entramos a una heladería/cafetería que había justo al lado de los cines (había mucho viento). Una vez adentro, veo a los muchachos de Burger King sentanditos en una mesa comiendo, esta vez, cucuruchos y tomando café.
Le digo a R: "Mirá, están los ñoños". R se ríe y me dice: "Imposible una definición más precisa".
Seguimos nuestra conversación pero yo no puedo evitar mirar hacia la mesa en cuestión. Es más fuerte que yo. Me dan intriga. Quiero saber de qué otro tema están hablando.
Escucho que se ríen a carcajadas que suenan torpes y raras. Miro de costado y veo que los gordos están jugando a un juego donde uno le pega en la cabeza al otro (momento en el que todos se ríen) y luego el muchacho que ha recibido el golpe, golpea a otro (y todos se ríen, claro).
Nos levantamos de la mesa y salimos del bar. Miro a los ñoños, sonrío con cariño casi maternal y pienso: "El que no haya tenido una noche de ñoños que tire la primera piedra".
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